Cuando era chica pasaba las vacaciones en el campo con un lago cerca.
Los hijos de los empleados siempre jugaban conmigo. Y había un chico con pelos
dorados que me prometió que íbamos a ser novios de grande pero un verano se fue
con el viento. Él tenía 10 años y yo 8 años. Fue mi primera vez que llore por
amor. Mi madre decidió vender esa estancia, ya que sabía que el recuerdo me mataría.
En cuarto grado conocí un chico con aire a príncipe. Otra vez sentí que el
cielo me invadía. Sus ojos eran color miel y su voz era una suave brisa para
mis oídos. La maestra nos hizo sentar juntos desde el primer día. Su suave
perfume me hacía cosquillas en el estómago. Con el tiempo fuimos amigándonos.
La relación duro dos años más. Hasta que un día, en medio de un concierto en el
colegio, me pidió que fuéramos novios. Pero otra vez se lo llevo el viento. Me
encerré durante dos semanas en mi dormitorio. Hasta que mi madre tiro la puerta
abajo.
Se acercaban mis quinces y mi familia organiza la mejor fiesta. Quise
que fuera de disfraces pero a la vez de gala. Entonces mi madre alquilo todos
los trajes blancos con bordes dorados. Mi vestido era todo dorado. Y la
decoración era acorde con la vestimenta. Basado en el siglo VIII. La emoción
inundaba mi alma. Todo saldría perfecto. Hasta que lo vi. Su traje desentonaba
con el lugar. Sabía que lo conocía. Era
perfecto. Me invito a bailar y sentí como si fuera un paseo por las nubes. Le
pedí que se sacara la máscara pero se fue. Lo único que recuerdo era su sonrisa
y los ojos verdes. No pude terminar la
fiesta. Me quede dormida. Al día siguiente trate de averiguar quién era. En la
lista de invitados eran todos conocidos pero él no estaba. Hasta que mi tío
volvió dos semanas después con él. Su sonrisa lo delataba. Era el. Con su
fuerte voz se presentó. Mis padres me pidieron que le mostrara el jardín.
Entusiasmada tome su mano y salimos. Estuvimos horas debajo del árbol
conversando hasta que me beso. Fue mi primer beso. Salí corriendo. Otra vez no
quería sufrir. Pero insistió en tomarme entre sus brazos. Y mi corazón se rindió.
Fue amor. Lástima que la vida siempre me lo arrebate. Al día siguiente. Hubo un
accidente en el camino. Murió todo inclusive mi corazón. Otra vez la familia de
luto.
Me propuse a no volver a ver a un hombre a los ojos. Jure no volver a
enamorarme. Termine el colegio con las mejores notas. La universidad fue fácil.
Eran todas mujeres. Veía a mis padres una vez al año. Al finalizar la carrera,
me independice. Vivía sola. Del trabajo al departamento y del departamento al
trabajo. La medicina era muy buena distracción para mí. Pero no sanaba mi corazón.
Creía que podía con mi juramento hasta que el edificio cerca del hospital se incendió.
Ya había terminado mi turno pero algo me hizo correr hasta el accidente. Los
gritos me desesperaban. Intente atender
a todos los que podía. Fueron horas eternas. Fui otra vez al hospital para
ayudar. Antes de salir recorrí el área. Eran muchos los heridos. En su mayoría
hombres. El edificio era una oficina multinacional. Las edades variaban. La
mayoría de los heridos eran leves pero uno seguía inconsciente. Me llamo mucho
la atención. Era un joven apuesto. Lo primero que pensé fue no volver a
enamorarme luego me sentí una tonta. Él estaba entre la vida y la muerte y yo
pensando en mí. El paciente paso mucho tiempo así. Me quede con el caso. Presentaba fuertes golpes en la
cabeza y con los pulmones severamente dañados. Estaba en coma. Al principio
pasaba al verlo una vez al día. Pero inconscientemente las veces fueron
aumentando. Cuando cumplió un año en ese estado me quede con él. Tome sus manos
entre las mías. Y me quede dormida. En mis sueños corría por un largo sendero, cada
tanto veía los amores que el viento me arrebato. Hasta que lo vi a mi paciente
y me dijo hola. Me desperté exaltada. Y era el que me estaba hablando. Actué de
inmediato. Evalué su estado. Pero no supo contestarme mis preguntas. No
recordaba quien era. Era todo un
misterio ya que tampoco nadie lo vino a visitar en tanto tiempo.
Su recuperación desde aquel día fue rápida pero sus recuerdos no volvían.
El director del hospital me pidió me le diera el alta pero no lo quise dejar
solo en el mundo. Le propuse que viniera conmigo así continuaba con el
tratamiento. El tiempo hizo lo suyo. Me volví a enamorar pero él no parecía
responderme. Eso me puso contenta. Investigando llegue a la identidad de él. Su
nombre era Santiago. El día del
accidente te encontraba en una reunión de inversores. Él era muy joven rico.
Que prefirió invertir antes que trabajar. Parecía que eso le funcionaba porque
al parecer tenía una cuenta de muchos ceros en el banco. Le dije que si quería
podía volver a su casa. Pero con ojos de niño asustado me pidió quedarse hasta
que recuperara la memoria.
Volvió a pasar otro año. Se quedó en el hospital como camillero. Y los
días que no trabajaba le hacíamos todos los estudios. Vendió todo lo que tenía
en la vida que no recordaba. Y se limitó a sobrevivir con lo que gana con su
trabajo. Retiro su dinero de las inversiones
y empezó a invertirla en el mismo hospital. Hasta el ofrecieron que
fuera el dueño del mismo. Pero el desistió. Compro ambulancias. Y un hospital móvil
que nos sirvió llegar a los pueblos lejos de la ciudad. Se ganó el cariño y
respeto de todos.
Me parecía vivir un sueño. El hombre que amaba era la persona más
amable y perfecta del mundo. Creí que esto seguiría así. Pero esta vez sucedió
algo distinto. Desapareció. Solo dejo una carta en su departamento pidiendo
perdón y que no lo buscáramos.
Los días pasaron lento. No sabía si me sentía contenta porque sobrevivió
a mi amor o me moría por dentro por haberlo perdido y no gritarle lo que sentía.
Lo único que era cierto era que tenía que seguir mi vida. Con la frente en alto
y mi corazón debajo de la almohada, viví.
Luego de un año estresante me tome vacaciones. Volví a mis raíces. Mis
padres estaban contentos por volverme a ver. Imagine que el aire del campo me ayudaría
a olvidar. Pero algo me obligo a buscarlo. Su nombre apareció en el periódico.
Los titulares decían que su fábrica se instalaría en medio del monte y que los
vecinos locales estaban en contra por la gran contaminación que ocasionaba.
Aunque el nombre y el rostro era el mismo, sus acciones demostraban lo
contrario. Definitivamente había recuperado la memoria y su vida anterior. Me dolió
mucho darme cuenta de lo que estaba viendo y las conclusiones que sacaba. Era
un hombre egoísta y soberbio. Pero tenía que hacer algo. Estaba perjudicando
mis tierras, el patrimonio de mis padres. Debía buscarlo.
No me costó mucho dar con él. Estaba en una estancia lujosa. Me
hicieron esperar en la entrada. Y luego de largo rato apareció. Casi ni lo reconocí.
En su rostro faltaba algo que mucho después me di cuenta. Le faltaba esa luz angelical
que conocí el primer día que abrió sus ojos. Intente hacerle entender que su
proyecto perjudicaba a mucha gente. Pero no me escucho. Solo se limitó a
mirarme y dejarme su tarjeta de presentación. Fue en vano. Esa persona no era
la yo conocía.
No podía entender que fue lo que cambio. De un día para otro se había
transformado en demonio. Lejos quedo aquel ángel que pretendía cambiar su
dinero por el bien de la humanidad. El amor que alguna vez sentí había
desaparecido. Lo único que quedaba era salvar las tierras de mis padres.
Lo volví a llamar. Tenía un plan. Ningún hombre se podía resistir a los
encantos de una mujer entre velas y copas. Programe una cita. Haría que
desistiera de la idea aunque tuviera que vender mi alma.
Pasaron días y semanas. Pero se doy al fin esa cena romántica. Me puse
mi mejor vestido. Mi perfume era
embriagante.
La noche iba perfecta. Sus ojos nunca se despegaron de mí. Hablamos,
tomamos. Hasta que le hable de la fábrica y las tierras de mi padre. Le
suplique que no lo hiciera que a cambio le daría lo que él me pidiera. Y
entonces de su boca salieron las palabras que nunca quise oír. Confeso amor y devoción
por mí. Y que la única manera de satisfacer mis deseos era que yo me desposara
con él.
En ese momento se me cayó encima casi treinta años de soledad y dolor.
Mi corazón resucitó un amor oculto. Aunque recordé que todo valía en el amor y
la guerra.
No podía creer lo que iba hacer. Rete al destino una vez más.
El cumplió su palabra, incluso en vez de la fábrica construyo un
hospital en el cual me nombro directora. Esa fue la primera acción de muchas.
Volvió hacer el hombre del cual me enamore. La gente olvido el rencor y festejo
mi compromiso. Todo el pueblo estaba invitado. Mucha gente me conocía desde
chica y me deseaba mucha suerte para esta vez.
Después de tanto preparativo, el día había llegado. La ceremonia y la
fiesta fueron sencillas pero enormes y abundantes. Todos los adulto se
emborracharon y todos los niños comieron pastel. Todos estaban felices pero yo
no. Sabía que de una forma u otra la felicidad no era para mí. La vida se había
empecinado conmigo. No me dejaba disfrutar del amor.
Nuestro matrimonio duro exactamente 10 años. Siempre con el miedo que
todo terminara. Durante todo ese tiempo gasto su fortuna en una granja que el
manejaba y en mi hospital. No tuvimos hijos. Pero queríamos a cada criatura del
lugar. A ninguno le falta nada. Nos encargábamos de que cada uno tuviera la
mejor infancia. El pueblo nos amaba. Siempre nos pedían que manejáramos la
intendencia. Pero nuestro amor siempre fue desinteresado.
Cuando por fin sentía que le había ganado al destino paso lo peor de
mis pesadillas.
El día comenzaba como tantos otros. Iniciaba mi rutina diaria hasta que
me di cuenta que él no despertaba. Por un momento creí que solo dormía
profundamente. Tome su rostro entre mis manos para besarle y note su piel fría. Mis ojos humedecieron enseguida. No lo podía creer. Había muerto. El
diagnostico medico fue paro cardíaco.
Todo el pueblo se vistió de negro. Lo enterramos en la plaza principal
para que nadie se olvide de su historia.
Después de su muerte jamás volví a salir de mi casa. Utilice la mayor
parte de la fortuna para la administración del hospital.
Hoy en mi lecho de muerte. Antes de que la edad devaste mi memoria dejo
asentado que el amor nunca me quiso pero fui feliz a mi manera.
FIN